Maduro: bye bye Carlos Marx, hello Adam Smith / Txomin Las Heras Leizaola / La Silla Vacía

Txomin Las Heras Leizaola / La Silla Vacía.-

Corría agosto de 2018 cuando en el transcurso de un programa de opinión de la televisión colombiana al cual fui invitado para comentar las últimas medidas económicas que había anunciado entonces en Venezuela Nicolás Maduro, osé en calificar, no sin cierta temeridad y con alguna intención provocadora, que el gobierno venezolano estaba comenzando a transitar caminos neoliberales. Un reputado profesor de economía de una universidad colombiana que me acompañaba en el plató televisivo me miró no solo asombrado sino mostrando clara desaprobación a mi intervención.

No le faltaba cierta razón al académico pues las medidas económicas que estábamos comentando -eliminación del régimen de cambios diferenciales y el aumento del precio de la gasolina, entre otras- no pasaban de ser decisiones de sentido común en el marco de países que funcionan con cierta normalidad. Pero en el caso venezolano adquirían un carácter sorprendente dado el historial de políticas estatizantes que sus dirigentes, desde la presidencia de Hugo Chávez, bautizaron con el confuso y, por lo demás, poco apropiado término de Socialismo del Siglo XXI.

Cabe aclarar que Venezuela nunca ha sido un país comunista, en el sentido de los regímenes que se instauraron en el mundo tras el triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917 que dio paso a la creación de la Unión Soviética y que luego se extendió a otros países como China, Corea del Norte o Vietnam del Norte, en Asía; las naciones de Europa Oriental; o Cuba, en el caso de América Latina. El país no ha dejado de tener una economía capitalista, eso sí con un Estado todopoderoso irresponsablemente manejado por unos dirigentes que la llevaron a la ruina y un amplio sistema de corrupción que debe tener pocos precedentes en el mundo.

Desde hace casi cuatro años y, especialmente en los últimos meses, el gobierno de Nicolás Maduro no ha hecho sino adoptar medidas de corte liberal y de economía de mercado, algunas de las cuales perfectamente podrían haberse producido en el contexto de los denostados paquetes del FMI que exigían sin mayores miramientos draconianos ajustes fiscales o medidas de liberación de precios de bienes y servicios.

El actual mandatario venezolano, que dirige el país con mano de hierro y sin mayores disimulos democráticos, no ha tenido empacho alguno en permitir e incentivar el uso del dólar tanto en las grandes transacciones comerciales como en la vida cotidiana. También ha llevado a cabo un doloroso ajuste fiscal, entre cuyas víctimas vemos a trabajadores, empleados públicos y pensionados con sueldos y jubilaciones literalmente de hambre, a quienes, por cierto, había prometido llevar al cielo.

Asimismo, ha entregado a actores privados empresas y propiedades que habían sido expropiadas en la época de la vorágine estatizante chavista. Y, como la cereza del pastel, recientemente anunció que pondría a cotizar en la bolsa de valores – ¡templo del capitalismo! – el diez por ciento de las acciones de importantes empresas del Estado venezolano.

El cambio de timón en la conducción económica del país, que contraviene frontalmente todas las consignas de esa izquierda trasnochada que Hugo Chávez, primero, y, luego, su discípulo Nicolás Maduro vociferaron de manera arrogante, es la más clara demostración del fracaso de un modelo económico y político que se quiso aplicar a punta de petrodólares, con resultados catastróficos, en uno de los países más ricos del continente americano.

La adopción sin tapujos de medidas claramente capitalistas desnuda también la pretensión de los dirigentes chavistas de ser considerados los representantes de una izquierda que deslumbraría con la entrada del nuevo siglo. Hoy se conforman con aplicar los viejos manuales liberales con tal de quedarse en el poder, claro que también sin democracia y no poca represión. ¡Vaya revolucionarios!

Bye bye Carlos Marx, hello Adam Smith.

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