El nuevo drama de los migrantes venezolanos: las dificultades para recibir la vacuna contra el Covid

eldiarioar.com .-

El presidente de Colombia, Iván Duque, se negó a incluir migrantes no regularizados en el plan de inmunización y puso de relieve la pregunta por el tipo de acceso que tendrá la diáspora venezolana en el resto de la región. Los casos de Perú, Ecuador y Chile

Wendifer dejó Venezuela en febrero de 2019. Apenas cruzó la frontera debió quedarse varios días en Cúcuta porque el pasaje a Bogotá le resultaba muy caro. En la Capital empezó a trabajar como vendedora ambulante de caramelos y consiguió cierta estabilidad hasta que se encontró con una novedad. «Las ventas disminuyeron por la xenofobia«, cuenta. Cuando llegaron a Bogotá su esposo y sus dos hijas de 9 y 11 años la plata dejó de alcanzar. «Surgió un nuevo problema: cuando ofreces la mercancía ahora te dicen que te vayas, o te sueltan porquerías. Eso no les pasa a los vendedores colombianos».

La semana pasada el presidente Iván Duque anunció que los migrantes venezolanos no regularizados van a ser excluidos del plan de inmunización. Wendifer se preocupó. “Muchos colombianos se quejan sobre la cantidad de venezolanos que tienen acá”, dice. Cuando le preguntaron a Duque si los migrantes no regularizados iban a poder acceder a la vacuna contestó: “Por supuesto que no. Si no, imagínese lo que estaríamos viviendo: tendríamos un llamado a la estampida a que todo el mundo cruce la frontera a pedir que lo vacunen”. Y no es sólo el presidente. “La alcaldesa es la que más ha incitado a la xenofobia en los últimos tiempos”, señala Wendifer. Se refiere a Claudia López, una figura en ascenso en la política colombiana, que considera que los migrantes venezolanos promueven la inseguridad en la capital.

El aumento en las tasas de irregularidad de los migrantes venezolanos en el último tiempo sumado a los cuestionamientos xenófobos que sufren en toda la región puede ser una traba para acceder a los planes de vacunación. La escasa protección estatal que tuvieron durante la pandemia –que se manifestó con fuerza en Ecuador y Perú pero que encontró eco en el resto de América Latina– puede profundizarse, aunque no es seguro que otros líderes sigan las palabras de Duque.

Para Luicy Pedroza, investigadora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de de Berlín, el aumento de las voces xenófobas en la opinión pública en la región se va a traducir en un desafío sanitario. “En un contexto de escasez de vacunas, cada país deberá tener un debate respecto a qué grupos deben ser inmunizados primero. A los ojos de muchos ciudadanos, los migrantes deben ser excluidos o postergados en el acceso a la vacuna. Los estados tienen que tener muchísimo cuidado y remarcar por qué no sólo es importante incluirlos sino darles prioridad. Y esto es porque, en primer lugar, son seres humanos y posibles portadores del virus. Pero además, por su situación de vulnerabilidad, al estar en tránsito, muchas veces sin hogar, suponen un factor de riesgo mayor para la propia población nativa”, explicó a elDiarioAR.

La demarcación entre migrantes “regulares” e “irregulares” ha tomado fuerza en la región en un contexto donde las trabas burocráticas aumentan y, en consecuencia, el segundo grupo es cada vez más numeroso. En el caso de Colombia, si advertencia de Duque se hicieran realidad, más de 800.000 venezolanos se quedarían sin vacuna. De los 1,7 millones que residen en el país –según las últimas cifras oficiales–, al menos el 55% se encuentran de manera irregular.

Las tasas de “irregularidad” son aún mayores en Ecuador y se encuentran en aumento en Perú y Chile. Estos últimos tres países han endurecido los requisitos para obtener una visa durante el 2019 y en la gran mayoría de la región los procesos de regularización se detuvieron con la pandemia. Mientras que las fronteras se mantuvieron cerradas por la crisis sanitaria, los canales ilegales de paso siguieron activos.

Wladimir, un dirigente estudiantil de 27 años que abandonó Venezuela por temor a ser asesinado, describe el escenario peruano desde Lima. “Hay un vacío institucional entre Cancillería y Migraciones. Las solicitudes están tardando años y el Estado no da respuesta. Si estar legal ya es difícil, imagínate cuánto más es la vida como ilegal”, dice a elDiarioAR. A diferencia de muchos de sus amigos, que han sido golpeados por los efectos de la pandemia, él se considera un afortunado por seguir teniendo trabajo. Wladimir asiste a agencias migratorias locales. Por eso conoce también la situación en Ecuador, donde viaja bastante y está en contacto con otros migrantes. Allí observa los mismos problemas. “En Perú y en Ecuador el gobierno se comporta de una manera muy discriminante. El proceso de visas que ofreció Chile también fue un fiasco”, asegura.

El origen de la crisis

Desde el inicio de la crisis económica, humanitaria y política en Venezuela en 2015, más de cinco millones de personas abandonaron el país, según coinciden los registros de ACNUR y la OEA, lo que convierte al éxodo en el más numeroso en la historia reciente de la región. La violaciones a los derechos humanos del gobierno de Nicolás Maduro -expuestas en un par de informes de Naciones Unidas- son uno de los factores de la diáspora. El punto de quiebre fue en 2018, cuando la crisis se agudizó y el flujo aumentó con fuerza. Hoy, más del 80% de los migrantes venezolanos viven en países de América Latina. Colombia es el destino principal, seguido por Perú (830.000), Chile (455.000) y Ecuador (362.000).

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